Punto y aparte

Creo que a mis (pocos y selectos) lectores no les sorprenderá que hoy diga que este blog ha llegado a su fin.

Llevo ya más de un año escribiendo poquísimas entradas, con la única excepción del reto de los 30 libros iniciado por Mónica y que decidí seguir en el blog. Por cierto, que este mes ella está siguiendo un nuevo reto de los 30 libros que, por varias cosas que están pasando ahora en mi vida, no he podido seguir esta vez ni siquiera a través de comentarios, como he hecho otras veces (es más, ni siquiera estoy al día en la lectura ni he hablado con ella nada).

Llevo un tiempo dándole vueltas a por qué no publico nada en el blog y, lo que es peor, por qué no tengo ganas de publicar. Y me he dado cuenta de que mi vida ha cambiado mucho y mis circunstancias actuales poco tienen que ver con lo que me transmite esta página. Hay cosas que en este espacio no eran importantes o apenas he mencionado de pasada y que ahora ocupan un lugar importantísimo en mi cotidianidad. Hay otros temas que trataba aquí con los que ya no me siento tan identificada, y también algunos más que siguen siendo relevantes, pero he decidido aparcar de momento.

Lo primero que pensé fue que, dado que al fin y al cabo este es un blog personal, podría adaptarse a mi nueva perspectiva. Esto, claro, supondría cambiar el aspecto de la página por otro que manifieste el cambio, aunque sea de forma simbólica. También requeriría abandonar algunas categorías que han sido importantes e inaugurar otras nuevas. Sin embargo, no sé por qué, me parece que eso sería transformar el espíritu de este blog. Me gustaría que quien pasase por aquí y leyese una entrada escrita hace dos años entienda bien qué clase de persona la escribió y desde qué punto de vista. Cambiar tantas cosas supondría que tanto el pasado como el presente se percibirían de forma distorsionada.

Por eso, finalmente he decidido dejar este blog tal cual, como testimonio de la persona que he sido y que en el fondo sigo siendo, y empezar uno nuevo que represente mejor mis inquietudes actuales. Y es que me apetece compartir lo que está pasándome últimamente, pero hasta ahora no encontraba la manera.

De momento estoy escribiendo las primeras entradas del nuevo blog de forma privada, en pruebas. En unos días lo haré público. Cuando lo haga, dejaré aquí el enlace, por si a alguien le interesa. Gracias a todos por acompañarme. ¡Hasta pronto!

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Revisando mi lista de sueños

Cuando estaba a punto de comenzar 2013, hice una pequeña lista de sueños (que no de propósitos) para este año y quizá los siguientes. Me prometí a mí misma que intentaría no olvidarme de ellos y que revisaría la lista de vez en cuando. Ahora se termina agosto, contemplo mi lista y observo que hay sueños que ya he cumplido (o estoy a punto de cumplir), sueños que se mantienen (y estoy trabajando en ello) y algún sueño nuevo que no estaba en mi lista y de pronto se vuelve necesario.

Sueños cumplidos:

  • Reducir mi equipaje: Hace un par de meses, revisé las carpetas de mi tesis y los apuntes de mi carrera, tirando todo lo que no tenía sentido conservar. También organicé los armarios. Estoy muy contenta de haber emprendido esta tarea.
  • Leer al menos dos libros al mesAunque en el último mes no he podido coger un libro, mi media este año supera ampliamente esta cifra: a 25 de agosto, mi lista de libros leídos este año consta de 23 títulos.
  • Ver al menos una película al mes que me emocione o que me haga reflexionarTambién hemos conseguido recuperar el hábito de ver buenas películas de vez en cuando. Lo doy por cumplido, ya que no necesito este recordatorio: hemos creado ya la rutina de investigar buenas películas y escuchar recomendaciones de amigos para luego verlas (y debatirlas) juntos.
  • Hacer nuevos amigos con los que poder tomar un café de vez en cuando. Aunque ya no trabaje en el colegio en el que fui profesora el curso pasado, han salido de ahí amistades muy bonitas, que me gustaría mantener a lo largo de los años.

Sueños en marcha:

  • Iniciar mi Proyecto Felicidad: empecé el año anotando las #cosasquemehacenfeliz en este blog. Finalmente, encontré que la mejor forma de continuar este proyecto era a través de un diario. No soy muy constante, pero sigo intentando anotar las grandes y pequeñas cosas que me hacen feliz.
  • Casarme: este sueño está a punto de cumplirse. ¡Nuestra boda es la semana que viene!
  • Comprar una máquina de coser y aprender a utilizarla: He comprado la máquina de coser y ya controlo su manejo básico, pero hasta que no emprenda varios proyectos de costura que tengo pendientes no daré este sueño por realizado.
  • Probar nuevos platos usando la Thermomix. Poco a poco, voy haciendo más platos con la Thermomix, así que este sueño va muy bien. No lo pongo como realizado, porque aún me gustaría seguir investigando un poco.

Sueños aún por cumplir:

  • Empezar a buscar un bebé (y disfrutar la experiencia): ambos tenemos muchísimas ganas, aunque confieso que a mí aún me da un poquito de miedo. Mi futuro esposo es mileurista; yo acabo de quedarme en el paro. Esas no son las condiciones económicas ideales para tener un bebé. Lo cierto es que no queremos esperar más, así que hemos postergado esta decisión solo unos meses más, solo lo suficiente para ver el cariz que toman las cosas después de toda esta locura de la boda.
  • Mantener vivo el blog de la editorial (aún más virtual que real). Tras un intento frustrado de reiniciarlo, tengo miedo de volver a intentarlo y fracasar, así que de momento escribo a ratitos pero sin publicar nada. Me gustaría tener 10 o 12 artículos en modo borrador antes de empezar a publicar de nuevo. De momento tengo dos y medio.
  • Maquetar algún libro bonito.
  • Planificar el libro que tengo en mente y empezar a escribirlo.
  • Viajar a Inglaterra, a Escocia y a Suiza.
  • Pasar unos días tranquilos en Bakio con mi amiga Mónica. Tenía planificada una visita este verano, pero luego vino toda esta locura de la boda y he tenido que postergarlo. A ver cuándo puede ser.
  • Hacer senderismo más a menudo. No hemos hecho ni una sola ruta en lo que va de año. Las semanas han sido tan intensas que en el fin de semana solo queríamos sofá. Sin embargo, me cuesta desprenderme de este sueño, porque cuando hemos hecho senderismo lo hemos disfrutado muchísimo juntos.

Sueños nuevos:

  • Ser profesora de secundariacuando escribí mi lista de sueños para 2013, era profesora en un colegio privado, una experiencia nueva, intensa y dura para mí. En estos meses he descubierto hasta qué punto disfruto con este trabajo, el cariño que les he cogido a los chavales, el entusiasmo con el que preparo actividades o pienso nuevas estrategias para que aprendan algo que les cuesta. A final de curso me comunicaron que, por recortes de presupuesto, no podían contar conmigo para el curso que viene. He superado el susto de no tener trabajo ni ingresos, pero no he sido capaz de superar la idea de no ver a mis niños el curso que viene, de no estar con ellos. Me he dado cuenta de que ya no puedo vivir sin esta experiencia. No creo que sea incompatible con otros sueños profesionales, así que he decidido que el curso que viene voy a intentar conseguir algún trabajo de profesora (aunque sea en clases particulares) y voy a preparar las oposiciones a profesores de enseñanza secundaria. Ya iré contando cómo me va.

Cinco panes de cebada (Lucía Baquedano)

Creo que todo niño lector de los 80 siguió un itinerario similar en sus lecturas: después de los libros de cuentos empezamos a alternar los clásicos que nos pasaban nuestros padres (novelas de aventuras, en su mayoría) con las distintas colecciones de Barco de Vapor (de Ediciones SM): serie azul, naranja, roja. Y entonces llegaba Gran Angular. Sinceramente, el que más recuerdo es Los escarabajos vuelan al atardecer de María Gripe. Me pasé enseguida a la literatura destinada a un público adulto, así que leí muy pocos de los libros de esta colección.

Cinco panes de cebada

Cinco panes de cebada

Sin embargo, escuchaba las conversaciones de mis compañeras de clase. Entre los más solicitados de la biblioteca escolar estaba Cinco panes de cebada. Nunca llegué a leerlo, pero, cosas de la vida, el destino me lo ha vuelto a traer ya de adulta. Y aviso ya, por si alguien quiere dejar de leer: si tuviera que resumir en pocas palabras lo que me ha parecido este libro, probablemente serían «pestiño cursi, mojigato y lleno de tópicos». Pese a lo corto que es (175 páginas) he tardado mucho en terminarlo, y de hecho no lo he abandonado por un único motivo: lo he leído por trabajo.

La historia es un auténtico tópico: chica recién diplomada en magisterio y que se cree que va a comerse el mundo es destinada a un pueblucho campesino de Navarra. El pueblo es muy cerrado, la escuela está desvencijada, los alumnos no estudian y los padres piensan que en realidad la escuela no sirve para nada si al fin y al cabo ellos se dedican a la agricultura. Como todos podréis imaginar, la maestra consigue ganarse el corazón de todos, descubre el amor (qué casualidad, todos los jóvenes del pueblo se enamoran de ella) y cumple a la perfección su cometido como maestra, logrando incluso que una alumna que apenas pisaba la escuela acabe iniciando estudios superiores en Pamplona.

Por si fuera poco, además de los giros argumentales más que previsibles, el libro es de una religiosidad que asusta. Se menciona a Dios al menos una vez por página. De hecho, el título del libro hace alusión a la decisión que Muriel, la protagonista, tomará al final de la novela con su amado Javier, al que retrataron al principio del libro como «ateo» pero que resulta ser un joven de un beaterío exagerado incluso para los años 80: van a sembrar juntos cebada en una finca para que les recuerde la anécdota bíblica de los panes y los peces.

Que conste que yo he tenido una educación católica y creo en muchos de los principios que aparecen en la novela, pero tengo la sensación de que esa exagerada religiosidad resulta extraña al lector de hoy: no se pone en duda, en la historia todos son católicos (incluso aquel al que llaman «ateo»), todos van a misa, todos tienen en cuenta la voluntad de Dios antes de tomar decisiones…

El personaje de Muriel, la protagonista, me ha resultado tremendamente antipático. Al principio adolece de cierta altanería, considerando que ella merecía un destino mucho mejor que Beirechea, el pueblo al que la han destinado; pero pronto, gracias a la ayuda de Don José Mari, el cura del pueblo (con el que traba amistad), empieza a cambiar de parecer, a conocer mejor a los beirechetarras e incluso a despreciar su antigua vanidad y afición por la ropa bonita. No puede ser más boba: aunque desde el principio se ve clarísimo que Fermín, el hermano de su mejor amiga en el pueblo, y Miguel, el médico, beben los vientos por ella, ella parece no darse cuenta de nada. ¡Menudo disgusto se lleva la pobre tonta tras las dos declaraciones de amor sucesivas y más que previsibles! ¡No se imaginaba nada!

Para ser justos, creo que los años no han pasado bien por esta novela. Probablemente en una época diferente, en que España entera era incuestionablemente católica, en que el ideal que se esperaba de las jóvenes es que fueran tímidas y hacendosas y se buscaran un marido honrado y trabajador… probablemente en esa época esta novela tenía un pase, podía incluso ser medianamente interesante a las chicas fácilmente impresionables que se educaban en colegios de monjas. Hoy me parece que se ha quedado bastante antiguo. A mí, en particular, la lectura de Cinco panes de cebada me ha resultado difícil y me ha puesto bastante nerviosa.

Mi puntuación: ♥♥♥♥♥♥♥♥♥

#cosasquemehacenfeliz: el silencio

Estoy preparando una entrada en la que hago balance de mi experiencia en el reto de los 30 libros, pero después de un mes en que el reto ha absorbido todas mis energías no encuentro mejor manera de recuperar mi actividad bloguera normal que hablando de otra de las #cosasquemehacenfeliz.

Llevo un tiempo pasándolo regular en el cole con un grupo muy disruptivo. Llevaba una temporada probando las soluciones que compañeros y jefes, todos con más experiencia que yo, me habían ido recomendando… y siempre sin resultado. El jueves pasado fue un punto de inflexión, salí de clase realmente afectada. Afortunadamente, me crucé con un compañero al que, conteniendo las lágrimas a duras penas, le relaté mi situación. Mi sorpresa vino cuando al día siguiente me comentó que había estado pensando en mi problema, y me sorprendió con un plan específico para aplicar en esa clase si a mí me parecía bien.

Llevo toda la semana poniendo en marcha el plan que me recomendó mi compañero (llamémoslo J.). Hoy, el día más difícil de la semana, es la primera vez que he visto resultados. Los niños siguen siendo los mismos, sigue habiendo tensión… pero ejecutando el plan de J. hoy ha sido la primera vez que he escuchado en esa clase el sonido del silencio.

Cuando pasan estas cosas, siento que se renueva un poquito mi confianza en mí misma… y que tengo que pensar en un buen regalito para J. Si el método sigue funcionando, creo que se lo merece… :)