Cinco panes de cebada (Lucía Baquedano)

Creo que todo niño lector de los 80 siguió un itinerario similar en sus lecturas: después de los libros de cuentos empezamos a alternar los clásicos que nos pasaban nuestros padres (novelas de aventuras, en su mayoría) con las distintas colecciones de Barco de Vapor (de Ediciones SM): serie azul, naranja, roja. Y entonces llegaba Gran Angular. Sinceramente, el que más recuerdo es Los escarabajos vuelan al atardecer de María Gripe. Me pasé enseguida a la literatura destinada a un público adulto, así que leí muy pocos de los libros de esta colección.

Cinco panes de cebada

Cinco panes de cebada

Sin embargo, escuchaba las conversaciones de mis compañeras de clase. Entre los más solicitados de la biblioteca escolar estaba Cinco panes de cebada. Nunca llegué a leerlo, pero, cosas de la vida, el destino me lo ha vuelto a traer ya de adulta. Y aviso ya, por si alguien quiere dejar de leer: si tuviera que resumir en pocas palabras lo que me ha parecido este libro, probablemente serían «pestiño cursi, mojigato y lleno de tópicos». Pese a lo corto que es (175 páginas) he tardado mucho en terminarlo, y de hecho no lo he abandonado por un único motivo: lo he leído por trabajo.

La historia es un auténtico tópico: chica recién diplomada en magisterio y que se cree que va a comerse el mundo es destinada a un pueblucho campesino de Navarra. El pueblo es muy cerrado, la escuela está desvencijada, los alumnos no estudian y los padres piensan que en realidad la escuela no sirve para nada si al fin y al cabo ellos se dedican a la agricultura. Como todos podréis imaginar, la maestra consigue ganarse el corazón de todos, descubre el amor (qué casualidad, todos los jóvenes del pueblo se enamoran de ella) y cumple a la perfección su cometido como maestra, logrando incluso que una alumna que apenas pisaba la escuela acabe iniciando estudios superiores en Pamplona.

Por si fuera poco, además de los giros argumentales más que previsibles, el libro es de una religiosidad que asusta. Se menciona a Dios al menos una vez por página. De hecho, el título del libro hace alusión a la decisión que Muriel, la protagonista, tomará al final de la novela con su amado Javier, al que retrataron al principio del libro como «ateo» pero que resulta ser un joven de un beaterío exagerado incluso para los años 80: van a sembrar juntos cebada en una finca para que les recuerde la anécdota bíblica de los panes y los peces.

Que conste que yo he tenido una educación católica y creo en muchos de los principios que aparecen en la novela, pero tengo la sensación de que esa exagerada religiosidad resulta extraña al lector de hoy: no se pone en duda, en la historia todos son católicos (incluso aquel al que llaman «ateo»), todos van a misa, todos tienen en cuenta la voluntad de Dios antes de tomar decisiones…

El personaje de Muriel, la protagonista, me ha resultado tremendamente antipático. Al principio adolece de cierta altanería, considerando que ella merecía un destino mucho mejor que Beirechea, el pueblo al que la han destinado; pero pronto, gracias a la ayuda de Don José Mari, el cura del pueblo (con el que traba amistad), empieza a cambiar de parecer, a conocer mejor a los beirechetarras e incluso a despreciar su antigua vanidad y afición por la ropa bonita. No puede ser más boba: aunque desde el principio se ve clarísimo que Fermín, el hermano de su mejor amiga en el pueblo, y Miguel, el médico, beben los vientos por ella, ella parece no darse cuenta de nada. ¡Menudo disgusto se lleva la pobre tonta tras las dos declaraciones de amor sucesivas y más que previsibles! ¡No se imaginaba nada!

Para ser justos, creo que los años no han pasado bien por esta novela. Probablemente en una época diferente, en que España entera era incuestionablemente católica, en que el ideal que se esperaba de las jóvenes es que fueran tímidas y hacendosas y se buscaran un marido honrado y trabajador… probablemente en esa época esta novela tenía un pase, podía incluso ser medianamente interesante a las chicas fácilmente impresionables que se educaban en colegios de monjas. Hoy me parece que se ha quedado bastante antiguo. A mí, en particular, la lectura de Cinco panes de cebada me ha resultado difícil y me ha puesto bastante nerviosa.

Mi puntuación: ♥♥♥♥♥♥♥♥♥

#cosasquemehacenfeliz: el silencio

Estoy preparando una entrada en la que hago balance de mi experiencia en el reto de los 30 libros, pero después de un mes en que el reto ha absorbido todas mis energías no encuentro mejor manera de recuperar mi actividad bloguera normal que hablando de otra de las #cosasquemehacenfeliz.

Llevo un tiempo pasándolo regular en el cole con un grupo muy disruptivo. Llevaba una temporada probando las soluciones que compañeros y jefes, todos con más experiencia que yo, me habían ido recomendando… y siempre sin resultado. El jueves pasado fue un punto de inflexión, salí de clase realmente afectada. Afortunadamente, me crucé con un compañero al que, conteniendo las lágrimas a duras penas, le relaté mi situación. Mi sorpresa vino cuando al día siguiente me comentó que había estado pensando en mi problema, y me sorprendió con un plan específico para aplicar en esa clase si a mí me parecía bien.

Llevo toda la semana poniendo en marcha el plan que me recomendó mi compañero (llamémoslo J.). Hoy, el día más difícil de la semana, es la primera vez que he visto resultados. Los niños siguen siendo los mismos, sigue habiendo tensión… pero ejecutando el plan de J. hoy ha sido la primera vez que he escuchado en esa clase el sonido del silencio.

Cuando pasan estas cosas, siento que se renueva un poquito mi confianza en mí misma… y que tengo que pensar en un buen regalito para J. Si el método sigue funcionando, creo que se lo merece… :)

El libro que estás leyendo ahora mismo

¡Último día del reto! Y para despedirlo, lo mejor es una despedida a lo grande. Me da la sensación de que seguir el reto en mi blog (de nuevo, ¡gracias, Mónica!) ha sido como trazar mi autorretrato lector. Me parece que gracias al reto he mostrado mucho sobre mí misma, así que, ¿qué mejor manera de cerrar el reto que regresando a la callada vida de una lectora? Se acabó tanto escribir sobre libros que se ajustan a ciertas categorías, ahora solo queda ponerse a leer, ¿dónde me había quedado? ¿Qué estaba yo leyendo? Ya he hablado durante estos días de muchas de mis facetas como lectora. Ahora queda hablar de lo que suelo leer.

Normalmente leo varios libros a la vez. La  cantidad de libros depende del momento. Si estoy leyendo poco, se reduce; si leo mucho son cada vez más libros. ¿Lo mínimo? Un libro «de enjundia», que suelo leer muy despacio; un libro ligero y que se lea bien a trozos entre lectura y lectura (a menudo un libro de relatos) y el libro que leo más activamente, que suele ser una novela que me tenga enganchada. En realidad, cuando me apetece leer voy a los libros que tengo empezados, si ninguno me «llama» empiezo uno nuevo. De esa manera llego a leer hasta siete libros a la vez.

Ahora mismo estoy con cuatro libros empezados, así que voy a contaros un poco de (casi) cada uno.

Del primero de ellos no voy a hablar. ¿Por qué? Porque no me apetece empañar el último día del reto hablando de un libro que estoy detestando con todas mis fuerzas. Lo leo por obligación, porque es lectura obligatoria este año en el colegio, y llevo ya dos meses con él pese a que es un libro corto. Ya hablaré de él en otra ocasión.

El segundo hace tiempo que lo empecé, pero es que no me apetece todos los días. Es un libro bastante largo (656 páginas), así que me llevará una temporada, aunque casi todas las semanas avanzo un poquito. Estoy hablando de Soy un gato de Natsume Soseki.

Soy un gato

Soy un gato

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre». Así comienza la primera y más hilarante novela de Natsume Soseki, una auténtica obra maestra de la literatura japonesa, que narra las aventuras de un desdeñoso felino que cohabita, de modo accidental, con un grupo de grotescos personajes, miembros todos ellos de la bienpensante clase media tokiota: el dispéptico profesor Kushami y su familia, teóricos dueños de la casa donde vive el gato; el mejor amigo del profesor, el charlatán e irritante Meitei; o el joven estudioso Kangetsu, que día sí, día no, intenta arreglárselas para conquistar a la hija de los vecinos. Escrita justo antes de su aclamada novela Botchan, Soy un gato es una sátira descarnada de la burguesía Meiji. Dotada de un ingenio a prueba de bombas y de un humor sardónico, recorre las peripecias de un voluble filósofo gatuno que no se cansa de hacer los comentarios más incisivos sobre la disparatada tropa de seres humanos con la que le ha tocado convivir.

Lo que llevo leído (un 23%, según marca mi Kindle ahora) me está gustando mucho, pero necesito estar relativamente tranquila cuando lo leo. La verdad es que me suelen gustar mucho las historias contadas desde el punto de vista de un animal. Del gato protagonista me encanta cómo analiza con agudeza a cada uno de los humanos que viven con él, especialmente cuando describe al profesor Kushami.

El tercer libro que tengo ahora entre manos lo elegí porque está dividido en capítulos cortitos y muy fáciles de leer. Suelo coger este libro cuando estoy cansada o preocupada y necesito leer algo facilito. El título es A propósito de Abbott de Chris Bachelder.

A propósito de Abbott

A propósito de Abbott

Abbott es un profesor universitario de vacaciones, padre exhausto de una niña de dos años, marido de una embarazada insomne y amo de un perro miedoso. Abbott se afana en las tareas domésticas y en el cuidado de su hija, aunque las cosas no siempre salen como él quisiera: un día se olvida de ponerle crema solar a la niña o la viste de invierno en pleno verano; otro se le estropea la nevera o se encuentra una serpiente en medio de su jardín. Abbott parece haber sido abducido por la paternidad, aunque no puede dejar de ponerse en entredicho ni de percibir las implacables paradojas de su vida. Y así, mientras limpia el vómito de la sillita de su hija se dice: «Las dos proposiciones siguientes son ciertas: (a) Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamentales de su vida, pero (b) Abbott no soporta su vida». Compuesta por pequeñas escenas cotidianas, terroríficas unas, maravillosas otras, A propósito de Abbott es una desternillante historia sobre las pequeñas desventuras, agobios y alegrías de los que está hecha la paternidad.

La verdad es que es un libro divertido, el perro de Abbott es igual de miedoso que mi Lara y a veces es gracioso cómo Abbott se quiebra la cabeza por cualquier tontería. Algunos capítulos me han interesado menos, pero todavía está a tiempo de mejorar: solo llevo el 17%.

El último libro lo he empezado hace dos días, pero promete muchísimo. Se llama El dolor perfecto y su autor es Ugo Riccarelli.

El dolor perfecto

El dolor perfecto

Una novela coral y épica que confirma al autor como uno de los grandes de la literatura europea contemporánea. Al pueblo toscano de Colle llega un emigrante del sur llamado El Maestro. En la Italia recién unificada, los conflictos sociales están a la orden del día y la ideología anarquista y anticonformista de El Maestro no tarda en topar con las autoridades. Muy pronto, se enamora de su casera, la viuda Bartoli, y de su relación nacerán dos hijos, Ideal y Mikhail. Al mismo tiempo, otra familia se está formando en Colle. Es la que nace del amor que une a la bella Rosa con Ulises, el marchante de cerdos. Siguiendo con la tradición familiar de rendir culto a la obra de Homero, Ulises llama a sus hijos Helena y Aquiles… A través de estas dos familias, sus dramas, uniones, separaciones y descendencia, vemos desfilar casi un siglo entero de la historia de Italia en una narración que trasciende los límites de la novela tradicional para alcanzar la categoría de saga familiar y fresco histórico.

Lo que voy a decir de esta novela (la única opinión que puedo emitir hasta ahora, cuando llevo solo un 8%) puede acabar siendo muy bueno o muy malo: me recuerda muchísimo al realismo mágico de Cien años de soledad. Una saga familiar que comienza con una historia de carácter casi mítico. Espero mucho de esta novela, así que ya os contaré si me da todo lo que le estoy pidiendo. ¡De momento tiene una pinta estupenda! Voy a seguir leyendo un ratito en cuanto publique esta entrada. ;)

Tengo la sensación de que durante el mes de abril he leído un poquito menos de lo que me apetecía porque he dedicado mucho tiempo al reto. Así que lo único bueno de que esto termine es que ahora tendré más tiempo para leer… ¡Ya os iré contando los libros que pasen por mis manos! ¡Gracias a todos los que habéis leído pacientemente estas treinta entradas! :)

Un libro que te recuerde a tu actual canción favorita

Esta es, en mi opinión, la categoría más difícil del reto de este año. Musicalmente soy bastante ecléctica (aunque mi marío no me perdona que no me guste David Bowie). Siempre me ha gustado el jazz suave de los 50-60, también me gusta muchísimo el rock (vibro con el sonido de la guitarra), algo de pop, música indie y bastante britpop.

Me da mucha pena tener que elegir solo una canción. ¡Es tan difícil! La verdad es que me encantaría volverme loca y dedicarme a colgar vídeos y más vídeos… Pero, mal que me pese hoy, el reto trata de libros, así que tengo que elegir solo una. Siempre he dicho que soñaba con que alguien me dedicase esta canción: Creep de Radiohead.

Creep es la canción de amor de una persona que se siente un bicho raro a alguien realmente especial. Ella refulge allá donde va; él desearía poder estar a su altura, que ella, simplemente, se diera cuenta cuando él no está cerca. Quisiera prometerle el mundo, pero sigue sintiendo que no merece nada: es, simplemente, un rarito. Os dejo un enlace a la letra y su traducción (aunque algunas expresiones yo no las habría traducido exactamente así), pero, sobre, todo, el videoclip de esta canción:

Pues bien, esta historia de un rarito enamorado de una chica que parece perfecta me recuerda mucho a una de mis cien novelas favoritas (nunca acoto más porque ¡hay tantas que podrían ser mi favorita!): El amor en tiempos del cólera de Gabriel García Márquez. Gabo es uno de mis novelistas predilectos y esta, junto con Cien años de soledadCrónica de una muerte anunciadaEl coronel no tiene quien le escriba ocupa un lugar preferente en mi historia lectora.

El amor en tiempos del cólera

El amor en tiempos del cólera

La historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, en el escenario de un pueblecito portuario del Caribe y a lo largo de más de sesenta años, podría parecer un melodrama de amantes contrariados que al final vencen por la gracia del tiempo y la fuerza de sus propios sentimientos, ya que García Márquez se complace en utilizar los más clásicos recursos de los folletines tradicionales. Pero este tiempo -por una vez sucesivo, y no circular-, este escenario y estos personajes son como una mezcla tropical de plantas y arcillas que la mano del maestro modela y fantasea a su placer, para al final ir a desembocar en los territorios del mito y la leyenda. Los zumos, olores y sabores del trópico alimentan una prosa alucinatoria que en esta ocasión llega al puerto oscilante del final feliz. «Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.»

Sé que probablemente poco tiene que ver un amor en el caribe con Thom Yorke, pero yo veo similitudes entre la historia que se cuenta en la canción y la que se narra en la novela. Florentino Ariza es un auténtico rarito (y Gabo nos va contando motivos de sobra para etiquetarlo como tal), pero mantiene durante toda su vida una fascinación casi religiosa por Fermina Daza; por eso acude, al principio de la novela, a ofrecerle de nuevo su corazón después de sesenta años.

¡Estoy muy contenta de haber enlazado una canción y un libro que me encantan! ;)